En un bol grande, mezclar la harina, la levadura, el azúcar y la sal.
Añadir la mantequilla derretida o el aceite y, a continuación, mezclar poco a poco con la leche tibia hasta formar una masa blanda.
Amasar la masa durante 8-10 minutos hasta que esté suave y elástica.
Cubra el bol con un paño y deje que la masa suba en un lugar cálido hasta que doble su tamaño, aproximadamente 1 hora.
Perfore la masa y divídala en porciones iguales (del tamaño de una pelota de golf para panecillos pequeños, más grandes si lo prefiere).
Forme una bola con cada porción y colóquela sobre una superficie ligeramente enharinada. Déjelas reposar durante 10-15 minutos.
Calentar el aceite en una sartén honda a fuego medio. Pruebe el aceite dejando caer un trocito de masa: debe chisporrotear y subir lentamente.
Freír las bolas de masa por tandas hasta que se doren por todos los lados, unos 3-5 minutos por tanda. Dar la vuelta con cuidado con una espumadera.
Retirar del aceite y escurrir sobre papel absorbente.
Sírvalos calientes, solos o rellenos de mantequilla, mermelada, queso o carne picada.